domingo, 29 de septiembre de 2013

3º Fan Fic: Este no es tu final

Fan fic escrito por Neko-no-Hige :D Este también contiene SPOILERS, aunque no tan importantes como "Maldita sea" ¡Espero que os guste ^w^! 


Este no es tu final

 Él seguía mirando por la ventana, era lo único que no le causaba dolor,  los edificios grises, las terrazas, la gente que vivía sus vidas tras las demás ventanas eran u único pasamiento en aquella pequeña habitación. Pensar le hacía daño, le hacía recordar y recordar dolía, por lo que decidió dejar de hacerlo, simplemente observaba la vida pasar sin que le conectara a nada.
Había días peores, en los que recordaba cosas, pequeñas pero importantes. Algunas veces eran cosas inofensivas, que dejaban tras de sí solo un sentimiento de pérdida, un sabor de la infancia, fríos inviernos, el nombre de su primer perro o un beso sin rostro que recordar. Pero había días en el que captaba su reflejo en el cristal de la ventana y veía un cabello rubio pálido demasiado largo a lo usual, los pómulos estaban duramente marcados por causa de la delgadez, los ojos hundidos en sus cuencas parecían ahogarse alrededor del pozo oscuro que eran sus ojeras.
No soportaba mirarse por que recordaba un nombre, no era el que sus padres le habían dado pero aun así era suyo, después todo iba a peor.
De vez en cuando escuchaba que alguien le visitaba pero casi nunca les prestaba atención, le llamaban por ese nombre que no quería escuchar y se enfadaba hasta que una mujer vestida de blanco se los llevaba, le daba un vaso de agua y una pastilla pequeña y redonda para dejarle descansar de nuevo.

Pero hoy no era un día de esos, hoy simplemente miraba por la ventana, imperturbable, podría olvidar un día más.
Cerro los ojos por unos minutos pero los abrió al sentir una fuerte brisa rozarle la cara, cuando los abrió frente a él estaba un muchacho.
Tez pálida en un rostro sereno envuelto en ropas oscuras. El viento sopla de nuevo, su chaqueta larga ondea dejando entrever un brillo metálico, su largo flequillo también se remueve permitiéndole ver su cara al completo. El visitante no dijo nada, estaba en completo silencio pero no hizo falta decir palabras, las emociones volaban  entre ellos claramente.
Entonces recordó algo que estaba muy enterrado, casi clavado en su alma para que no fuera olvidado, recordó un niño y tiempos felices, sonrisas y amor.
Alargó su mano sintiendo como estas emociones le llenaban de vida, quería abrazarle, quería recordar sentirse vivo de nuevo pero el muchacho se sobresaltó e instintivamente se puso en posición de defensa con una mano sobre la pistola guardada en su cadera con una expresión fría y meticulosa.
Su mano se paró en seco, a medio trayecto para alcanzarle, casi no tuvo que preguntarse por su reacción pues otros sentimientos y recuerdos le golpearon fuertemente. El humo, la locura, las venas ardiendo, la sangre derramada, una herida en el cuello, unos pequeños ojos perdiendo la inocencia de la niñez y un nuevo nombre como una promesa.
No quería recordar aquello.
Gritó, con toda la fuerza que sus pulmones podían contener, la garganta estaba reseca y le escocia pero siguió gritando. Supo en aquel momento de dolorosa lucidez que estaba en un hospital y era custodiado por una enfermera que vendría para sedarle; saber eso solo le hacía sentirse peor.
Quiso levantarse pero las fuerzas le fallaron,  los brazos le fallaron y terminó cayendo al suelo patéticamente. Mientras intentaba ponerse en pie unos pasos cautos se movieron hacia su posición y pronto pudo ver la punta de unas botas militares.
Permanecieron  unos segundos así escuchando los cada vez más cercanos pasos del pasillo imponiendo el fin de aquella visita.

Pero a pesar del dolor y la agonía mental que el chico le provocaba alzó la mirada del suelo. Sus ojos grises se encontraron y todo pareció por un segundo en calma.
-Este… no es tu final.
Aquella voz olvidada apenas fue un ilusorio susurro pero fue real, los ojos se le inundaron de lágrimas que luchaba irrefrenablemente por contener.
Como si nada hubiera ocurrido el chico se dirigió a la ventana y de un salto desapareció dejándolo tirado entre gemidos.
Así le encontró la enfermera que con la ayuda de dos guardias lo devolvieron a su mullida cama. Corretearon a su alrededor un rato observando esto y aquello, haciéndole preguntas a las que no obtenían respuesta, sus voces eran como ecos lejanos.
Miró por la ventana y alzando la vista una vez más descubrió que sobre los edificios grises se alzaba un enorme cielo azul. Una pequeñísima chispa de vitalidad nació tímidamente en sus opacos ojos.
-Toma esto Eugene cielo, te ayudara a dormir -. Le dijo conciliadoramente la enfermera ofreciéndole un aditivo tranquilizante.
La miró directamente durante unos segundos, abrió su oxidada boca y habló.
-… no la necesito… este no es mi final. -Volvió a mirar por la ventana, esta vez a las alturas– Llámeme End.

No hay comentarios:

Publicar un comentario